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Atracciones turísticas de Singapur

Diciembre, 2010. Llamó a su abogado por última vez. En cuanto colgó, sintió el alivio del índice financiero desplomándose en caída libre. Se filtraron todos los documentos con la supuesta evidencia, pero no importaba. Se negaron todas las acusaciones, se ganaron todas las demandas, se resolvieron favorablemente cada una de las situaciones. El problema que lo tenía más apretado que su corbata imitación de seda, al fin le permitía respirar, como aguinaldo para quien vive al día instalado en la clase media. Ya podía quitarse la vida como le diera la gana y no por imposición, no obligado por las circunstancias de algún delito financiero que él no cometió. Su abogado resultó ser alguien de confianza que habló desde un inicio con la verdad. Pero el miedo había tenido el control de todas sus acciones desde que llegó aquel primer aviso para una auditoría. Ahora, como alto ejecutivo reintegrado a sus funciones y beneficios, buscaba en línea boletos en primera clase para viajar a Singapur sin importar las fechas, los costos por temporada alta. Estaba tan feliz, a su manera tan rota, tan feliz de poder volver a su propia miseria anterior a las acusaciones, que no se molestó en revisar.

Sería ilegal un intento de suicidio en aquel país. Sería un año todavía más largo y el más horrible de su vida tras las rejas. Sería su abogado, con todo el dinero que le había estado pagando, quien se broncearía la piel con un azul dorado que solo pueden ofrecer los Jardines de la Bahía, la Isla Sentosa, el Parque Sembawang y otras atracciones turísticas de Singapur.