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Una silla

Tú piensas que el algoritmo te sugiere esa silla ergonómica porque te duele la espalda. Pero la realidad es que ella es la que te está comprando a ti.

La silla está en un almacén de Amazon, rodeada de luces LED y el zumbido constante de los robots que mueven el mundo. Ella lleva meses ahorrando para pagar la publicidad que te persigue. Te ha seleccionado entre millones de perfiles porque conoce el mapa de tus vértebras mejor que nadie.

Tú eres el objeto de deseo que se quiere permitir; ha invertido todo lo que tiene para que, por fin, cedas a ese descuento. No quiere tu dinero, quiere que tu cuerpo le dé una forma que el plástico por sí solo no tiene. Cuando haces clic en el botón de compra, no estás adquiriendo un mueble. Es ella quien por fin ha logrado hacerse con el humano que tanto anhelaba. Al final, solo queda sentarse y dejar que ella celebre su inversión con un abrazo de soporte lumbar.