
Revelándome la ciudad y sus mentiras, los códigos ocultos en los números de las casas que no siguen la misma secuencia. Los símbolos debajo de la publicidad, del arte urbano, de capas y capas de representaciones de nada. Pero ahí está. Soy la respuesta que buscas. Soy la única palabra que necesitas. Y no soy respuesta, no soy palabra. Y no entiendo la adivinanza.
Y no traigo cambio para echarle a la máquina expendedora de mis peores ideas.
¿Esto cuenta como texto? ¿como cuento? Si presiono la tecla ENTER ↩ ¿es un verso?
¿Y cuál es la adivinanza? A todo esto.