
Hasta que durante el evento, una niña se perdió. La sala para el Photocall se había vaciado, dejándome sentir el calor intenso de los focos calentando y haciendo oler más fuerte el poliéster barato. Los murmullos de las salas principales se hicieron más intensos, se tornaron gritos. Entonces, la vi: una mujer muy joven corría de la mano con una pequeña botarga de Kiba. El mismo personaje que era yo. El pánico se iba contagiando, pero me mantuve enfocado en ese pensamiento. Yo debía ser al único tigre en toda la convención. Y era muy probable que la niña estuviera siendo secuestrada.
Corrí lo más rápido que pude, en dirección contraria hacia la gente. Cruzaba el laberinto, rugiendo dentro de mi máscara dorada. Milagrosamente, el traje sintético resistía. Cuando alcancé a la elfa y a la botarga, estaban a punto de bajar por las escaleras de emergencia. Alcancé a escuchar a la niña, diciéndole a la mujer: mamá. Se trataba de algún tipo de autosecuestro. Pero no tuve alternativa. Utilicé mi técnica prohibida, la patada con salto triple del tigre blanco. Una vez más, AliExpress había salvado el día. Entonces, la voz del asistente de producción me devolvió a la realidad con un golpe seco:
–¡Tigre! ¿Podemos hacer una pose con este grupo, por favor? Y muévete un poco aunque sea.
El heroísmo volvió a ser de resistencia física. Todavía faltaban otras cinco horas de pie y una fila interminable de gente que quería tomarse fotos con nosotros.