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El chiste que se cuenta solo

Un sudafricano, un coreano y un mexicano entran a un bar. El chiste se cuenta solo. Literalmente, no hay nadie más en la taberna, ni siquiera un cantinero. El chiste se cuenta solo en ese lugar y los tres hombres pueden escucharlo. Es una broma que juega con estereotipos, que casi cae en el racismo. Pero eso es lo de menos. ¡Es un chiste que se cuenta solo! No da risa, no entretiene. Pero se cuenta solo.

Los tres hombres comienzan a experimentar:

Un sudafricano entra sin compañía a un bar. El chiste se cuenta solo.

Un coreano y un mexicano entran a un bar. El chiste se cuenta solo.

Un mexicano sale de un bar, mientras un sudafricano y un coreano van entrando. El chiste se cuenta solo.

Prueban sin reírse. Prueban riéndose a carcajadas. El chiste se cuenta solo.

Deciden probar otra cosa:

Un sudafricano, un coreano y un mexicano entran a un bar. El chiste se cuenta solo. Pero lo interrumpen diciendo al unísono: -Ése ya lo habíamos escuchado.

El chiste que se cuenta solo, se interrumpe y entonces