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Dando hueva

Ayer se me perdió mi sombra. Al mediodía bajo el Sol cenital. Y no regresó ni con la Luna, ni con la luz artificial. Responde al nombre de Sombra. Si la ven, díganle que no la culpo por nada de lo que pasó. Que hay mucha luz en su oscuridad. O alguna frase de esas. Creo que ya había tenido esta idea. Ahora escribiré que salgo a poner carteles. Se busca: Sombra propia. O alguna otra variante. Como que alguien encontró mi sombra y me llama para cobrar la recompensa. Y cierro con que ya aprendí suficiente de mi luz y de mi oscuridad. Que puedo vivir sin sombra. Y el cuento quedaría tan culero como muchos otros. Todos hubieran preferido leer las aventuras de mi sombra antes de reencontrarnos. Como en “Cuidado: bebé suelto”, pero con una sombra. O igual tampoco era tan distinto y seguía dando hueva.

¿Y cuántas veces escribí sombra, contando esta última?

Fueron ocho.