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Así se iba

El reloj de la estación en simetría, que ella calificaba como puntualidad. En sus manos un cuaderno viejo de bocetos que de vez en cuando solía mirar. Vectores cromáticos dibujados a una velocidad constante. Luego de un momento exacto del momento exacto, sacó un termómetro para revisar que la temperatura del ambiente siguiera siendo. Saturaciones perfectas. Provenían de otra persona, notas desafinadas en una canción que ya de por sí era difícil de escuchar. Abrió el cuaderno. Agotamiento por secuencia de letras. El blanco ya no existe. El río es invisible. Se había enamorado y no encontraba manera de solucionarlo. El jet lag ya no era un placer, era una textura. Verificó los nombres. La realidad obedecía, pero no siempre. No en todo. Se había enamorado y ahora así se iba.