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Desayuno continental

El café de la mañana sabía a piedras del Sol sobre el horizonte. Al mirar la taza, noté que no era líquido, sino un montón de hormigas negras transmitiendo ideas que se filtraban por las fisuras de la cerámica. El cielo caía afuera, bajo las sombras del paisaje, como una manta deshilachada que el crepúsculo tejía con el color de la sangre.

Te explicaré por qué no debería asustarte tanta melancolía. Sientes la comezón, no la tristeza. Y de los insectos querrás otro desayuno continental, seguirás bebiendo el sedimento.

Ahora bien, si la comezón persiste considere lo siguiente:

• No intente rascar el pensamiento: La piel debajo de la idea siempre es más fina y más roja.

• Sintonice la estática: Si las hormigas comienzan a hablar con la voz de sus familiares muertos, suba el volumen hasta que el ruido sea indistinguible del viento.

• Acepte el tejido: No fuerce el cierre de la sesión.