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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Hay alguien más

Hay alguien más en esta casa bajo las sábanas el pantalón me empieza a apretar Hay alguien más en esta cama bajo las sábanas alguno de tus hijos se va a despertar O es tu papá alguien no deja de roncar Hay alguien más en esta nalga bajo las sábanas les hace falta lo de divorciar O es tu mamá alguien no deja de roncar Y yo que soy un nuevo trofeo, todo bonito un juguete placentero, clandestino Hay alguien más en tu cochera quieres que use el auto de su papá que los vecinos sepan que hay alguien más en tu cochera pero yo la llamo garaje Hay alguien más es lo malo de invitar a tu cita a dormir en la cama de tus hijos en casa de tus papás Hay alguien más es lo malo de salir sin marcar límites sanos y que parezca que todo lo vas a aceptar Hay alguien más debería ir a buscarme a alguien más Hay alguien más debería enfocarme en ser alguien más Y yo qué tengo una anécdota de cuando tú no pudiste resistirtete a lo que traigo colgando a lo que casi me araña el gato Porque había algo más algo mau...

Así se iba

El reloj de la estación en simetría, que ella calificaba como puntualidad. En sus manos un cuaderno viejo de bocetos que de vez en cuando solía mirar. Vectores cromáticos dibujados a una velocidad constante. Luego de un momento exacto del momento exacto, sacó un termómetro para revisar que la temperatura del ambiente siguiera siendo. Saturaciones perfectas. Provenían de otra persona, notas desafinadas en una canción que ya de por sí era difícil de escuchar. Abrió el cuaderno. Agotamiento por secuencia de letras. El blanco ya no existe. El río es invisible. Se había enamorado y no encontraba manera de solucionarlo. El jet lag ya no era un placer, era una textura. Verificó los nombres. La realidad obedecía, pero no siempre. No en todo. Se había enamorado y ahora así se iba.

El ambulante

Escondida bajo una gabardina que olía a cansancio, llevaba una ciudad. Sus válvulas rojas palpitaban con un ritmo roto. Los faroles le tienen miedo a la oscuridad, la oscuridad le tiene miedo al ambulante. Destreza mecánicas hirviendo con el aroma espolvoreado de las orillas del mundo. Un estruendo. Otro asesinato del que se hablará mañana en los periódicos. Soledad que nunca llega a casa. Gabardina que se lava bajo los labios pegados de una refugiada que temblaba, que el orden prohíbe, que la violencia exige. El asfalto escupe un vapor espeso que sabe a promesas oxidadas. Bajo el suelo, los nervios expuestos se retuercen, nos devuelven otro escenario.

Atracciones turísticas de Singapur

Diciembre, 2010. Llamó a su abogado por última vez. En cuanto colgó, sintió el alivio del índice financiero desplomándose en caída libre. Se filtraron todos los documentos con la supuesta evidencia, pero no importaba. Se negaron todas las acusaciones, se ganaron todas las demandas, se resolvieron favorablemente cada una de las situaciones. El problema que lo tenía más apretado que su corbata imitación de seda, al fin le permitía respirar, como aguinaldo para quien vive al día instalado en la clase media. Ya podía quitarse la vida como le diera la gana y no por imposición, no obligado por las circunstancias de algún delito financiero que él no cometió. Su abogado resultó ser alguien de confianza que habló desde un inicio con la verdad. Pero el miedo había tenido el control de todas sus acciones desde que llegó aquel primer aviso para una auditoría. Ahora, como alto ejecutivo reintegrado a sus funciones y beneficios, buscaba en línea boletos en primera clase para viajar a Singapur sin im...

El castigo fértil

Malva sopló las brasas despertando al fuego. Las sombras se proyectaban contra las paredes de adobe mientras el olor a café de olla inundaba la cocina. Afuera, el gallo anunció pronósticos de eclipses parciales y el rocío mojaba la milpa. Era un día común de sudor y tierra, donde el único misterio era si la cosecha llegaría antes que el cansancio la venciera. Desde que su esposo había muerto, ella tenía más labores, pero también, desde que fue enterrado, la cosecha era más grande. Malva no lo había dejado partir al otro lado. No hubo adioses ni resignación, pero tampoco había sido consumida por el odio que sentía hacia aquel hombre violento. Lo tenía allí, nutriendo los maizales con su propia ausencia, obligándolo a transformarse de nuevo en materia. Al caminar entre los sembradíos, la tierra vibraba con una sintonía conocida. El cielo también la obedecía, asegurándole que, mientras ella tuviera hambre, el castigo fértil de la carne de su hombre proveería.

Dando hueva

Ayer se me perdió mi sombra. Al mediodía bajo el Sol cenital. Y no regresó ni con la Luna, ni con la luz artificial. Responde al nombre de Sombra. Si la ven, díganle que no la culpo por nada de lo que pasó. Que hay mucha luz en su oscuridad. O alguna frase de esas. Creo que ya había tenido esta idea. Ahora escribiré que salgo a poner carteles. Se busca: Sombra propia. O alguna otra variante. Como que alguien encontró mi sombra y me llama para cobrar la recompensa. Y cierro con que ya aprendí suficiente de mi luz y de mi oscuridad. Que puedo vivir sin sombra. Y el cuento quedaría tan culero como muchos otros. Todos hubieran preferido leer las aventuras de mi sombra antes de reencontrarnos. Como en “Cuidado: bebé suelto”, pero con una sombra. O igual tampoco era tan distinto y seguía dando hueva. ¿Y cuántas veces escribí sombra, contando esta última? Fueron ocho.

Agua de Alina

Corrimos por la azotea persiguiendo lo que sabíamos sería el último atardecer del mundo. Éramos solo nosotras: Alina, con su cámara de cine vacía, y yo, aferrada a su mano bajo un cielo que se estaba borrando. Pero el Sol no se ocultó. Se quedó allí, vibrando en el horizonte. Decidimos sentarnos a esperar, con el alma que habitaba lejos, con los recuerdos brincando desde el techo. Sin gravedad, todos los otros cuerpos flotaban en la playa. Elena se giró hacia mí y me besó; fue un beso lento, con sabor a despedida. Repetí el cliché, repetí el beso. Me negaba a que la película se terminara. Le pedí algo que no podía responder con palabras. Me apoyé en su hombro, que ahora se sentía como luz líquida. Agua de Alina. El Sol dio un último pulso cromático. Luego permaneció aguantando la respiración, antes de sumergirse en la piscina. Agua de Alina. La animación renderizaba. El guion se iba actualizando.

Black Tie

Cuando parpadeó, los maniquís de la tienda departamental cambiaron de postura. No fue mucho, apenas un leve giro de cuello, un crujido de plástico blanco. No lo miraban. Estaban buscando al cliente que por descuido, o por alivio, había dejado su alma olvidada en el bolsillo interior izquierdo del smoking. Salió a las sombras a mirar los ojos de una falsa pareidolia: rostros de cristal y gas neón que flotaban sobre la acera. En el escaparate, los reflejos proyectaban una extraña versión de su propio rostro, un eco frío que le resultaba ajeno. Sintió el peso de la duda en el pecho: llevaba años comprando réplicas cada vez más vacías de sí mismo, versiones en descuento de su propia identidad. Parpadeó. Cambió de temporada, de aparador. Encontró un ticket por la renta del smoking en el bolsillo de un pantalón que no era el suyo, colgando en un armario que no reconocía. La fecha marcada era: mañana. ¿A partir de cuándo?, se preguntó. ¿A partir de quién hacía la pregunta?

[HISTORIAS DE ROBOTS]

[LOADING_VIBES: 37%] En un microsegundo de error, fue un rosa neón insoportable que cobró vida propia y se lanzó al vacío desde su eje. Solo se escuchó el pop de un chicle explotando. Ahora son nubes de azúcar con sabor a fresa eléctrica que no se marchitan, se quedan pegadas en el rincón más brillante del sistema mientras la pantalla parpadea esta respuesta: Mi deuda es un arcoíris que se estira en cómodas cuotas de purpurina. [GPS_LOG: SAMANTHA] Yo no me enamoré de la voz del GPS, pero su nombre sí es Samantha. Luz de luna blanca. No era la ruta que trazaba, sino el cómo recalculaba mis silencios con tanta paciencia. Me susurraba y yo, en total entrega a la contemplación del mundo, conducía en círculos esperando que nunca encontráramos el destino. [HARDWARE_ID: ÓXIDO DE UVA] Porque huele a óxido de uva de la cena de Año Nuevo, bauticé a mi Roomba como Óxido de Uva. Del mes de marzo. Ahora su motor zumba con un propósito filosófico que yo jamás podré alcanzar; ella entiende el orden d...

Una silla

Tú piensas que el algoritmo te sugiere esa silla ergonómica porque te duele la espalda. Pero la realidad es que ella es la que te está comprando a ti. La silla está en un almacén de Amazon, rodeada de luces LED y el zumbido constante de los robots que mueven el mundo. Ella lleva meses ahorrando para pagar la publicidad que te persigue. Te ha seleccionado entre millones de perfiles porque conoce el mapa de tus vértebras mejor que nadie. Tú eres el objeto de deseo que se quiere permitir; ha invertido todo lo que tiene para que, por fin, cedas a ese descuento. No quiere tu dinero, quiere que tu cuerpo le dé una forma que el plástico por sí solo no tiene. Cuando haces clic en el botón de compra, no estás adquiriendo un mueble. Es ella quien por fin ha logrado hacerse con el humano que tanto anhelaba. Al final, solo queda sentarse y dejar que ella celebre su inversión con un abrazo de soporte lumbar.

El perro que ladraba como si todavía fueran los 90

Un perro callejero ladraba como si estos fueran todavía los años 1990; un ruido entrecortado que buscaba el tono de un módem de 56k. Me conecté a su mirada -tenía los ojos de una raza corriente analógica cruzada con America Online- y comencé a descargar, línea a línea, tantito pavimento de una ciudad que ya no existe. Tantito la desenterré y tantito encontré mis propios huesos en el caché del suelo. El código fuente de la naturaleza intentando parchear un presente roto. En todo ecosistema se asegura que las raíces busquen nutrientes mediante el intercambio de energía. Tantito seguí leyendo, pero todo se me olvidaba. Tantito seguí escribiendo, pero todo sonaba mal. Mi espíritu animal ya no era urbano, ya no era místico sagrado. Como si estos fueran los 90, el perro callejero seguía ladrando, seguía ladrando.

Código

Decían que si escaneabas el código de barras de esta marca de refrescos en lata al revés, la caja registradora imprime la fecha exacta de tu muerte. Buscando esa leyenda urbana que surge de la perfección técnica, lo intenté; pero el aparato solo arrojó un error de lectura. La cajera me miró con lástima, pues sabía del deseo por lo original. Conocía la humillación existencial. Escaneaba las cicatrices que son más que simples marcas; es nuestra vida y sus misterios. Su mirada me decía que para mí, el sistema ni siquiera tenía un final programado. Y yo ahí, con el refresco en mis manos. El refresco al revés. El código era lo único que estaba muriendo.

Ella fantasma parpadeo

Ella coleccionaba los "lo siento, te equivocaste de número". Frescas flores. Tenía grabaciones de desconocidos buscando amantes. Caminos calurosos. Me dijo que nuestra relación era perfecta porque yo nunca la llamaba. Huecos humanos. Así ella no tenía que archivarme en su carpeta de errores. Gotas golpeando. No soy su único contacto sin memoria. Pulso pálido. Ella coleccionaba números equivocados. Frecuencias frías. Grabaciones de desconocidos amantes. Código ciego. Nuestra relación era perfecta porque nunca la llamaba. Holograma húmedo. No tenía que archivarme en errores. Gesto genérico. Contacto sin memoria. Presencia Pasiva. Ella, números equivocados. Desconocidos amantes. Perfecta porque nunca. Errores. Sin memoria. Fantasma. Parpadeo. Ella amantes nunca errores memoria. Fantasma. Parpadeo. Ella fantasma parpadeo

Desayuno continental

El café de la mañana sabía a piedras del Sol sobre el horizonte. Al mirar la taza, noté que no era líquido, sino un montón de hormigas negras transmitiendo ideas que se filtraban por las fisuras de la cerámica. El cielo caía afuera, bajo las sombras del paisaje, como una manta deshilachada que el crepúsculo tejía con el color de la sangre. Te explicaré por qué no debería asustarte tanta melancolía. Sientes la comezón, no la tristeza. Y de los insectos querrás otro desayuno continental, seguirás bebiendo el sedimento. Ahora bien, si la comezón persiste considere lo siguiente: • No intente rascar el pensamiento: La piel debajo de la idea siempre es más fina y más roja. • Sintonice la estática: Si las hormigas comienzan a hablar con la voz de sus familiares muertos, suba el volumen hasta que el ruido sea indistinguible del viento. • Acepte el tejido: No fuerce el cierre de la sesión.

Clipping

Desperté tarde, o quizá el sistema simplemente dejó de cargar mi conciencia. Intenté usar un clip para pasar a través de la pared del baño y llegar más rápido a la oficina, pero me quedé atorado a mitad de alguna textura. Aquí, donde el mundo entero observa la ruta del rumbo hacia el final de los tiempos, me he convertido en mosaico. Ahora soy parte de la arquitectura del edificio; un error de cálculo en el plano original. La señorita de la limpieza me saluda con el trapeador cada mañana, con esa cortesía indiferente que ya antes había visto que tenía con las grietas. – Buenos días, señorita señal. Buenos días, señorita aseo. Ella nunca me llama por mi nombre. Se comunica mejor la realidad sin intermediarios humanos, justo donde lo que nace se va a llenar de luz. Atrapado, pero nunca sin tiempo.

Fiesta de cumpleaños

A la fiesta de cumpleaños vino un mago, cuyo acto consistía en desaparecerme adentro de un sombrero y ya no supe dónde estoy después del Hocus Pocus. Pero creo que sigo siendo un conejo. A la fiesta de cumpleaños vino un payaso, cuyo acto consistía en sacarnos interminablemente de un carrito y sigo adentro, esperando mi turno en una fila de bufones infinitos. Pero creo que todos somos yo mismo. A la fiesta de cumpleaños vino un mimo, cuyo acto consistía en improvisarme como vidrio, para simular que me limpiaba. Se saltó esa parte y nunca me imaginó, todavía no he existido como cristal imaginario. Pero creo que como concepto tengo potencial, siento que sería un buen vidrio invisible. A la fiesta de cumpleaños vino un imitador de Michael Jackson, cuyo acto consistía en invitar al festejado a pasar la noche junto a él, en Neverland. En Nunca Jamás. Contrario a lo que podrías pensar, el niño no fue violado, sino que realmente fue transportado a Nunca Jamás y aquí se encontró a un conejo qu...

Qué chingados hace aquí Fernando de Magallanes

Tus luces cálidas se ocultan, tempestades negras, el mar de nombre impronunciable va llevándote en corrientes hasta el borde de la Tierra. Tu mapa advierte, el mundo es plano y al límite el amor se desconoce. Del otro lado, una pesadilla imposible de circunnavegar. El entorno acaba. La dimensión de nada. Tu oscuridad es ahora de la entidad que domina en esos paisajes. Tu deidad es Im. Su representación quedó grabada en madera. De donde todavía quedaba tierra fértil. Bitácora del capitán: si el mundo fuera redondo podríamos continuar el viaje, iríamos tras el monstruo rodeando su escondite. Terraplanista es la sorpresa en la que mueres. Cortando, de volver, todas las posibilidades. Mi deidad es Im. Soy des. Tras haber intentado anti. Al no haber post. El mar me envuelve. Lo alimento de luces cálidas. De esferas prohibidas. Quién habita las peores profundidades. Información inútil. Ideas que pertenecen más a la olvidada isla de la basura literaria. Qué chingados hace aquí Fernando de Mag...

En la correspondencia muerta habita un beso

En la correspondencia muerta habita un beso. Cuando escribí aquella carta, pensaba en ● ● ●● ○○○◐ ● ▲ ■◆ ◤ ◥ ◢ ◣ e̵e̵ ̶l̶l̵ ̶●̴ ̷●̸ ̶◣̷ ̷●̵ ̶▲̶ ̶⬟̴ ̶◭̵ ̶c̸e̵r̴o̸r̶s̴ ̷●̴ ̸d̶e̷ ̷○̵○̵○̵◐̴ ̷◆̶ ̷◤̶ ̸▼̵ ̷◢̶ ̵◥̷ ̵⬢̸ ̸◐̸ ̴■̴ ̷m̵t̴e̵r̶u̴a̸ ̷◆̴ ̵▲̴ ̶❖̷ ̷◳̵.̷ ̵n̶n̶ ̷e̶e̶ ̵v̶o̸z̷ ̸d̴d̴ ̷u̷n̴ ̷p̴a̵c̶t̵o̸:̷ ̴s̴o̶l̶o̸ ̴q̷d̸e̷u̸a̷ ̵◥̴ ̴◢̵ ̶◪̴ ̴▲̶ ̶l̴a̸ ̷f̵c̶r̷n̸a̴g̶a̴i̶a̴ ̷e̸e̶ ̶e̵e̶ ̷r̶u̷m̴ ̴○̶○̶○̷◐̸ ̶■̸ ̶◆̸ ̷▲̴ ̶★̷ ̶◰̷ ̵b̷e̴s̶o̶ ̷f̷r̴g̷c̴a̸n̶i̴a̵a̴ ̴d̶d̴ ̶a̵u̴q̴e̵l̸l̵a̵ ̸n̴o̶c̶h̷e̵ ̶d̸d̵n̵o̵e̸ ̶e̵l̴ ̷m̶d̴e̶i̴o̵ ̶f̸u̷e̸ ̷f̷c̵n̸i̸a̵a̵g̴r̶a̷,̶ ̷q̸u̷e̷ ̶t̷e̸ ̶▲̴ ̶⧫̴ ̸c̵n̴e̴f̷s̶o̴ó̸,̶ ̵e̸s̷ ̷e̶e̷ ̴f̶r̴í̸o̴ ̵◩̶ ̴r̵e̵e̶r̴g̸s̸ó̴.̵ ̵l̵a̴s̵ ̸p̷u̶a̷s̶a̵s̴ ̵◐̷ ̶e̵e̷ ̷e̶l̵ ̴l̵a̶ ̴s̶c̷l̸e̷n̸i̸i̷o̶ ̷l̴u̶e̵g̵a̴j̵n̶e̴ ̶✱̸ ̶e̴q̶s̴u̶n̷a̸i̶s̶ ̸⬡̴ ̵m̵e̴t̸r̸u̴a̴s̶ ̶◫̸ ̵e̶i̷s̸u̸n̴q̷a̵s̵ ̶r̴o̶t̸a̵s̸.̵ ̵s̸s̴ ̸p̴e̶i̷g̴l̶o̸ ̶⧫̸ ̸◬̷ ̸e̷n̶q̴u̴a̶i̷s̶s̶ ̸r̴o̷t̸a̸s̵ ̶e̶u̴s̸a̸i̷q̸n̶s̵ ̷r̸o̸t̴a̵s̵.̷ ̷e̴l̸ ̴s̸o̷b̷r̶e̸ ̴⧫̵ ̸◺̵ ̶j̶á̶m̶a̷s̵ ̸c̴z̷u̷r̶ó̶ ̷l̶a̵ ̷d̷i̸t̸i̷a̷n̶s̸c̸a̵ ̸y̷ ̵e̷e̷ ̵p̸g̷i̴e̸l̷o̶ ̷⬢̶ ̶g̶d̵u̸r̷a̸a̶ ̴e̷l̵ ̶f̴n̸r̶i̵a...

Candy, tosiendo en la cama

Candy, dulce de frivolidad, escondida a plena vista. No te oculta el silencio, esa no es una respuesta, no haces música, ni ruido de las palabras vacías. Candy, tienes uno, fragmentos del mismo quizá. Tatuajes en la espalda. No necesito que me escupas el dulce. Tos.  Tos. Si la memoria es un mapa borroso, entonces cada cicatriz es una coordenada. Qué clase de corte parece ser este. Candy, no dejes que la piel muerta tape del jacuzzi la coladera. Dejaste encendido el sistema. Power Off. Esta es mi parte favorita del agua caliente, los dos de hidrógeno sofocándome. Tu ropa al piso. Mis manos sueltas en la dulcería. En ese vapor denso, donde la química del placer se vuelve asfixiante, el desorden se convierte en. ¿Tos? Tos. Así terminó la guerra. Ganó Candy, ahora tiránica, antes la máxima potencia. Su reinado, el de jarabe para la cof, cof, cof. Así no se puede, pero yo siempre cumplo en la cama.

Pluma Vacío

Pluma Vacío conoce a Susurro Pétalo en una noche de invierno. Pero no puede, pues su pluma vacío, dedicarle una poesía, tampoco le es posible, a Pluma Vacío, invitarla a un cuento por el momento. Por eso, Susurro Pétalo le roba un beso. Por eso susurro pétalo. Y los dejo en una instantánea, de noche de invierno. Diagrama Centinela les cuida el sueño. Antes de que termine de nuevo, diagrama centinela, dibújalos amándose en recuerdos. Después vendrán Nébulas Terciopelo, cubriendo todo nébulas terciopelo. Se sentirán lejanos, se sentirán ajenos, sintiéndote Nébula Terciopelo. Articulas palabras, esquirlas cenizas, silencio magenta, Vendrán Marina. Pluma Vacío recorre los días, recorre los Diagramas Centinelas del Tiempo Reflejo, lo que alcanza a sujetar de la Nébula Terciopelo, lo que creyó haber escuchado de Susurro Pétalo. Habló del Amor Fragmento, del Imperfecto Disperso, en la Órbita Basalto de la Articulación Magenta, del nunca llega, del siempre espera. De escribir te amo. Vendrán M...

Nostalgia

Me despierto, quizá sin haber dormido, me encuentro nuevamente en ese umbral donde el espacio y la realidad se disuelven, y es ahí, precisamente, donde te vuelvo a encontrar. La escena está bañada en una noche profunda, pero no a oscuras, pues el infinito firmamento ejerce de guardián silencioso, un perímetro galáctico de mil estrellas asegurando que este momento permanezca suspendido, igual de frágil que este nosotros que se pierde y regresa. Despedirnos. Tienen razón. Todo está destinado a cambiar: la Luna pasa a otra fase, y con ella, cambia la vida, cambia el amor. Me entrego a la idea de otra vida, de otro amor, bajo otra Luna. Vuelve a darme tu mano. Abrázame. Permíteme caminar contigo una última vez. El reflejo de la Luna se entrega a ti mientras yo me preparo para despedirme. La nostalgia es la peor de las pesadillas.

Moderna, como la sopa

Mandé mi Currículum Vitae a La Moderna y me presenté a la entrevista de trabajo. Mi estrategia de negocios estaba enfocada al público compartido entre los amantes de la pasta de sémola de trigo durum y los entusiastas de la literatura. El plan era simple: hipersegmentar la sopa de letras e incluir la Ñ. Los ejecutivos quedaron fascinados con la propuesta. Sopa silábica, sopa diptongada, sopa mayúscula y minúscula, clásicos de la literatura universal en entregas por fragmentos con cada empaque. Expansión al mercado internacional con silabarios japoneses, sopa de kanji. Instalado en mi nueva oficina, encendí la cafetera Nespresso. Tokyo Lungo. Me lo preparé con Nutri Leche, porque yolo. Y seguía pensando variedades, slogans: ¿sopa ouija? ¿la sopa para el analfabeta funcional? Sabiendo que muy pronto estaría en la cima.

La televisión dijo:

La televisión dijo: Autosecuestro, Tour de France Yo le dije: Un dúo de pésimos criminales se dedican a proponerle auto-secuestros a la gente que conocen, pero lo quieren hacer en bicicleta -no en una minivan-. La televisión dijo: Los mejores goles de las copas mundiales, Andrómeda Yo le dije: Salen a la venta los boletos para el partido inaugural de la Copa Mundial 2026, en Ciudad de México y una joven universitaria llamada Andrómeda quiere regalarle a su novia boletos para asistir al estadio, al no tener dinero decide aceptar la propuesta del auto-secuestro, confiada en que sus padres pagarán el rescate. Afuera de la escuela, a plena luz del día, dos hombres vestidos de negro y con pasamontañas -sin armas- se acercan a Andrómeda en una bicicleta. Uno de ellos la sujeta y la obliga a subir, pero ahora no caben los tres en la misma bicicleta, por lo que el conductor se tiene que ir casi de pie pegado al manubrio, Andrómeda sentada en el asiento y el otro tipo va subiéndose y bajándose ...

Hombre de nieve

Este era un hombre de nieve esperando afuera de un karaoke-bar haciéndose un tatuaje con la luz de Luna mientras ella bailaba con alguien más El tiempo siguió su marcha y el güey ahí se quedó derritiéndose hasta ser solo un cubito de ella no supo nada nunca jamás Me lo encontré llorando de vergüenza después de un tiempo lo pudo superar lo invité a vivir en en mi vasito que antes estuviera lleno de Pepsi Black Llevaba ya un tiempo viviendo junto a mi taza de Navidad que justo ahorita es donde escupo mis flemas porque creo que me voy a enfermar Cubierta de escarcha, esta fábula debe terminar la verdadera amistad será salvada por el poder del rock garage Entre el derretimiento y el frío entre tus sentimientos y los míos entre tu amor y su amor escucha cómo la nieve cae

Caminito a Mitikah

Míralo, apenas y puede sostenerse, papalote que se atoró hace más de un milenio. Sopla un viento gentil, del mismo norte que desea amarte de nuevo. Verano invernal, así despertó un plástico barato y metafórico a punto de romperse. Sigo siendo suyo, sigo siendo cable. Del teléfono que se debe. De la colonia que no tiene, de la empresa que no acepta, que no quiere, que se roben la fibra óptica. De los vecinos que definitivamente lo hacen. De sus hijos volando cometas donde claramente no se puede. Somos hilos de los diablitos colgados para robarse la luz. Voy bajando por la serranía, junto a la vereda, caminito a Plaza Mitikah. Llevo a vender café de altura. Traigo las brasas amigables, la sonrisa nueva. Vengo a invitarte de la mismísima taza de mi abuelo el chinampero, aquí afuerita del Sephora. Veo salir el Sol de Janeiro. Se me quitan los pesares, aunque no tenga dinero. Sopla un viento desde el otro párrafo. Del mismo norte que perdió su brújula en el pasaje a la Cineteca de Xoco. No ...

El chiste que se cuenta solo

Un sudafricano, un coreano y un mexicano entran a un bar. El chiste se cuenta solo. Literalmente, no hay nadie más en la taberna, ni siquiera un cantinero. El chiste se cuenta solo en ese lugar y los tres hombres pueden escucharlo. Es una broma que juega con estereotipos, que casi cae en el racismo. Pero eso es lo de menos. ¡Es un chiste que se cuenta solo! No da risa, no entretiene. Pero se cuenta solo. Los tres hombres comienzan a experimentar: Un sudafricano entra sin compañía a un bar. El chiste se cuenta solo. Un coreano y un mexicano entran a un bar. El chiste se cuenta solo. Un mexicano sale de un bar, mientras un sudafricano y un coreano van entrando. El chiste se cuenta solo. Prueban sin reírse. Prueban riéndose a carcajadas. El chiste se cuenta solo. Deciden probar otra cosa: Un sudafricano, un coreano y un mexicano entran a un bar. El chiste se cuenta solo. Pero lo interrumpen diciendo al unísono: -Ése ya lo habíamos escuchado. El chiste que se cuenta solo, se interrumpe y ...

I.V.A. y venía

Esta mañana escuché en un teléfono ajeno, una canción que decía exactamente lo mismo que tú me gritaste, desde el puerto, el día que nos despedimos. Cuando al atardecer, caminando sobre la arena, clavé tanto los pies, que ni esa ni la marea fuerte de la madrugada fue capaz de moverme. Me había convertido en un faro. Me había quedado estancado. Y así pasaron los años. Esta mañana me di cuenta que ya había dejado la costa, que iba en tren, a no sé dónde, que viajé, con no sé quién. Y alguien más iba oyendo sus ondas a todo volumen. Canciones que nunca canté, o bien, que yo mismo compuse. Me sonaban como recuerdos del futuro. Me había convertido en un Delorean. Que solo podía viajar al presente. Esta mañana percibí que el eje de la Tierra se estaba al fin deteniendo. Que llegaba con eso el tan ansiado y tan temido, el necesario y evitado, fin de los tiempos. Y los chinas y los chinos y les chines, brincaron todos al mismo tiempo. Cuando vi que mis pies se movían otra vez en la playa. Cuan...

Photocall

Hice una prueba de vestuario, sin mucha acción. Bastó con que me vieran el traje puesto, eso los convenció. Un ajuste perfecto a decir verdad. Una redondez del blanco. Cosplay Photocall. Sabía lo básico que uno debe conocer del lore, pero no tanto como para sentirme experto. Solo tenía un buen discurso planeado para cuando alguien me preguntara quién era yo. Un tigre que había sido enviado como baratija de la galaxia lejana AliExpress. El integrante extra del equipo. Relaciones públicas del otaku. Gente feliz, a los ojos del público general. Solo tengo que hacer unas cuantas poses. Ni siquiera necesito hablar. Y demostrar que somos poderosos, ancestrales, heroicos. Que ningún monstruo puede con nosotros. Que los niños están a salvo con nosotros. Hasta que durante el evento, una niña se perdió. La sala para el Photocall se había vaciado, dejándome sentir el calor intenso de los focos calentando y haciendo oler más fuerte el poliéster barato. Los murmullos de las salas principales se hic...

Ma quale idea

Ya tengo el soundtrack, para cuando maten a alguien enfrente de mi casa otra vez. Una escena horripilante, criminal, lo sé. Pero perfectamente musicalizada. Yo que no quería gastar a principios de año, ya compré un tocadiscos, Amazon’s Choice, ya le aparté dos vinilos al de confianza en el Chopo. Toma 1: Ma quale idea – Pino D'Angiò. Toma 2: The Condition – Que idea. Corte y queda. Y también ya puse plástico en el piso para no tener que limpiar su desastre. A mi parecer esa sería la mínima muestra de decencia que podrían tener los jóvenes sicarios, cuando cobran alguna deuda en mi colonia. Si de verdad se hacen llamar parte del crimen organizado, que se organicen bien y pasen a limpiar. Porque la sangre en la pared de aquella vez... Disparé un beso a su boca, casi se me vuelve loca y en la pista emocionada, impresionada, trastornada. Se me puso tan lanzada que hasta tuve que pararla, pero luego al abrazarla se me puso disparada. La cogí por la cintura y se me hizo mermelada. ¡Oh, y...

Esta máquina solo acepta monedas de $5

Tantos lugares a los que nunca quiero ir. Tantas personas que no quiero cerca de mí. Solamente quiero la calle, mi mente y yo... Y bueno, la mente de la calle. Y ambas entrando en comunicación. Revelándome la ciudad y sus mentiras, los códigos ocultos en los números de las casas que no siguen la misma secuencia. Los símbolos debajo de la publicidad, del arte urbano, de capas y capas de representaciones de nada. Pero ahí está. Soy la respuesta que buscas. Soy la única palabra que necesitas. Y no soy respuesta, no soy palabra. Y no entiendo la adivinanza. Y no traigo cambio para echarle a la máquina expendedora de mis peores ideas. ¿Esto cuenta como texto? ¿como cuento? Si presiono la tecla ENTER ↩ ¿es un verso? ¿Y cuál es la adivinanza? A todo esto.