Desde un éxtasis dorado y vibrante, los colores femeninos de mi cuadro colgante emergen como una pintura compleja vuelta rompecabezas casual. Sus cuerpos se presentan como pinceladas trazadas desde la gracia esbelta y ligera hasta las formas que se imponen en la composición. La belleza reside, teorizo yo, en la intensidad de los ojos y la promesa, o el misterio, de una sonrisa hacia el espectador. Enigma de presencia que relaja, que provoca.