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Testigos luminosos

Imperativo. Así fue el fallo que redujo el régimen a un parpadeo. A un instante pasajero, del naranja al rojo. La presencia de los testigos, desde las luces más altas provocó que nos arrancáramos las manos. Por haber estado en contacto directo con los cruces luminosos. La niebla adelante indicaba que ya no habría un cambio en la dirección. Era el final del camino. Éramos solo un instrumento, un símbolo que aconseja a quienes vendrán después, para lograr una marcha superior. Era esta la ayuda ascendida que se nos brindaba. Los consultamos, dimos lectura al Capítulo 1. De un libro entreabierto, lejano. Apagado en el pasado, como señal de alerta. Así fue cuando dejamos de estar acompañados por el primer testigo. Ahora, ante la ausencia de una respuesta visual a nuestras plegarias, se manifestó como un círculo sonoro de absoluto silencio. El mundo se detuvo. Escurrió nuestra sangre entre la neblina. Hubo un daño en los minutos líquidos más calientes de nuestras últimas horas. Una descarga eléctrica a través de todo el sistema nos reinició.