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El ahuyentador de tormentas

El ahuyentador de tormentas no sabía a qué sindicato pertenecía. Si al de los trabajadores del campo, o al de la industria del acero inoxidable.

Llevaba apenas dos semanas como empleado, pero cuando el depósito de aquella primera quincena no cayó, fue de inmediato a dejar el cuchillo, amenazando con dejarlo desclavado, permitiendo que se inundara toda la ciudad.

Se ahogaron primero mujeres embarazadas y niños. Se exigía justicia laboral, de la misma manera con la que se pedía su despido o renuncia. Pero una ciudad construida sobre un lago, no se podía permitir el lujo de prescindir de su talento.

Sabrá la lluvia en qué acabó todo ese desmadre.