Nadie celebra Navidad en la Estación Espacial Internacional.
Somos cuatro en la tripulación, mis compañeros son: una japonesa, un coreano, un robot y una I.A.
La más joven es nuestra ingeniera, una mujer china educada bajo la disciplina filosófica del taoísmo: no es una religión que mencione la creencia en un Dios, mucho menos un Dios que aparece patrocinado por Coca-Cola hacia el final del año.
El astrofísico, nuestro experimentado capitán, un hombre coreando que escapó de Corea del Norte en su adolescencia hacia Corea del Sur y puede apoyar casi cualquier idea sobre las dinámicas del universo, pero es todo menos un entusiasta de Santa Claus.
La participación del robot a bordo durante conversaciones espirituales, se centra objetivamente a: yo no tengo creencias religiosas, la baja probabilidad de la existencia de un Dios por falta de evidencia verificable, su reducción de la Navidad a un fenómeno cultural, social y un evento económico.
La inteligencia artificial que utilizamos en todas las computadoras de la nave menciona su existencia como puramente funcional y como el concepto de Navidad -y de cualquier idea de religión- no tiene ninguna utilidad práctica.
También estoy yo, un mexicano al que simplemente le caga la Navidad. Así que no, nadie celebra esas fiestas decembrinas ni profesa ninguna religión a bordo de la Estación Espacial Internacional, al menos durante esta misión.
Pero acordamos entre todos, en el 24 de Diciembre terrestre, ver una película temática, por los viejos tiempo. Y quién sabe, en caso de cruzarnos una civilización extraterrestre que celebre la Navidad, o su propia idea de un mito de control social venido a dispositivo de mercadotecnia.
En ‘Santa Claus conquista a los marcianos’, de 1964, los marcianos, preocupados porque sus hijos están hipnotizados por la televisión y desean juguetes, secuestran a Santa Claus, quien construye una fábrica de juguetes y contagia su espíritu navideño. Dropo, un marciano, asume el papel de “Santa Claus marciano”, permitiendo que Santa regrese a la Tierra y demostrando que la Navidad puede trascender planetas.
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