24. Decidí pasar Navidad sola, en un hotel de la playa, lo más lejos de los clichés navideños.
23. Reservé un departamento y compré boletos, en autobús, porque no tenía caso llegar más rápido.
22. Quería celebrar el año nuevo con amigos o familia, por lo que regresaría el 30 de diciembre.
21. Busqué en línea lo que me faltaba para el viaje, pero todo eran anuncios de ofertas decembrinas.
20. Pensé: La Navidad no toma vacaciones. Esa fue la primera conclusión a la que había llegado.
19. ¿Estuve en lo cierto o no? Cuando llegué a la terminal de autobuses, había pingüinos en mi fila.
18. ¡Veía pingüinos! Con sus maletitas, sus gafas de sol y sus camisas hawaianas.
17. Soñaba cosas parecidas. Eran como jumpscares, como escenas de susto en una película de terror.
16. Abría la puerta del espejo en el baño y cuando la cerraba, Santa Claus estaba parado atrás de mí.
15. Fui con mi terapeuta, o eso pensé; porque al levantar la vista desde el diván vi a un Dr. Pingüino.
14. Alejarme de mi necesidad de alejarme de la Navidad se volvía mi prioridad en esas vacaciones.
13. Prohibí en mi vida todo aquello que pudiera guardar algún significado festivo. Todo.
12. Faltaba casi una semana para irme. Iba bien, evitando pensamientos relacionados con esa fecha.
11. 7. Meditaba todo el día. Y para que mi mente en blanco no pareciera nieve, la ponía en azul.
10. 6. Salía a la calle un mínimo de veces; siguiendo la ruta con menos adornos y series musicales.
9. 5. Googleaba, ChatGPTeaba: Países donde no existe la… ya saben. Y tampoco exista Santa Claus. Corea del Norte era la respuesta.
8. 4. Adorar al líder dictador en un régimen totalitario o adorar a Kim Jong-Un. Esas eran las opciones.
7. 3. Depilé el área del bikini. Evité pensar en la vellosidad y su similitud con la barba de San Nicolás.
6. 2. Temía que la Navidad hubiera estado observándome desde las sombras, esperando para atacar.
5. 1. Pedí un taxi, con solicitudes precisas para evitar cualquier rastro de celebración en el camino.
4. Viajé de noche, con audífonos y antifaz para dormir tranquila. A mi lado no viajaba ningún oso polar.
3. Reservé dos asientos para evitar los riesgos de que un personaje navideño se sentara junto a mí.
2. Llegué a mi destino. El departamento con playa privada, lejos de todo lo demás. Y todos. Y yo.
1. Era un día soleado junto al mar, un aniversario más de mi propia tradición de no poder huir de mí misma.