Aparezco en un video de YouTube que está a punto de llegar a las 100,000 vistas. Son dos minutos extraídos de una transmisión en vivo del evento al que asistí el fin de semana pasado. La cámara apunta todo el tiempo hacia el público, en una toma abierta de los aproximadamente 200 espectadores ocupando sus asientos. En ese lapso, la mujer joven que estaba sentada a mi lado se levanta y camina fuera de cuadro hacia el pasillo; yo me incorporo, para agacharme inmediatamente hacia la butaca que la chica desocupó y acerco mucho el rostro al asiento. A los pocos segundos regreso a tomar mi lugar.
El 95% de los mensajes en la sección de comentarios están en lo cierto, no tengo nada qué argumentarles. Me gusta oler los asientos donde las mujeres se acaban de levantar.
Personalmente, prefiero ser catalogada como una seat sniffer, pero entiendo por qué #HueleColas es una tendencia popular. No me siento exhibida, ni denigrada.
Cuando estudiaba la secundaria, mi mejor amiga tuvo su primer periodo durante una clase. Le ayudé a amarrarse un suéter en la cintura y avisé discretamente al maestro que ella debía salir al baño. En cuanto se fue, noté una pequeña mancha en la banca de enfrente. Fingí querer ayudarle a limpiar, mientras me acercaba lo más que podía. Estaba en trance por la calidez del olor. Afortunadamente, aunque tampoco me hubiera importado, las risas en el salón eran a costa del accidente de mi amiga y yo puede pasar una eternidad brindándole a mi olfato esa hermosa sensación.
Estaba cerca de cumplir 30, cuando se lo platiqué por primera vez a mi terapeuta. Llámenlo coincidencia, o sincronicidad, pero su teléfono sonó durante esa consulta. Para este punto ya deben saber que fue lo que sucedió cuando salió a contestar.
Fijaciones. Parafilias. Siempre he tenido claro que no le estoy haciendo daño a nadie. Desde que soy adulta, nunca huelo el asiento de mujeres que sean o parezcan menores de edad. Y no me atraen los olores masculinos.
Si la situación amerita fingir para no sentirme observada ni juzgada por nadie, es fácil disimular que estoy recogiendo del suelo alguna de mis pertenencias, que guardo algo en mi mochila, que ato mis agujetas.
Desde luego, he sido confrontada en algunas ocasiones, en plena pulsión...