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La llamada

Ella luce tan nerviosa, está esperando una llamada. El cable del teléfono la corta en las mismas líneas horizontales dibujadas por la persiana. Ella es lluvia, de cine negro, está en el alcohol que vio pasar esta mañana, cuando todos salían a trabajar y ella apenas iba regresando de la fiesta en la madrugada. ¿Y si nunca timbra? ¿Qué sentido tuvo tanta urgencia y ansiedad de levantar el auricular para que la voz al otro lado no pague ningún rescate? En el cajón un revolver. En el cajón revuelto, la calma que antecede a la tormenta. La voz que sabe fotografíar en blanco y negro, revelando rencores acumulados. Enmudecidos. Sus pasos se perderán disueltas entre sombreros, gabardinas y luces de ciudad corriendo los créditos de una película que cuenta su vida con libertades creativas hacia el epílogo. La llamada nunca llegó. La llamada siempre llega.