Los arquitectos se equivocaron al construir este panteón. Pusieron las lápidas en el lugar del ventanal. Ahora la luz se filtra como un fétido olor. Y cada que alguien fallece, cae la lluvia, sale el Sol. Un arcoíris doble de huesos en flor. ¿Dónde quedaba arriba? ¿Dónde es abajo, afuera, adentro? ¿Todo es alrededor?
Las abogadas se equivocaron al consultar el planificador. Era día de venir formales y ellas se trajeron el putidisfraz. Ahora en la junta están sintiendo todas las miradas detrás. Y cada que alguien expone, nadie escucha, nadie ve más allá de las curvas que un zombie mordió. ¿Quién instauró los viernes ejecutivos, los lunes a jueves de juegos de rol?
Los acróbatas se equivocaron al realizar el salto mortal. Brincaron al vacío y de ahí no se pudieron sujetar. Ahora están muertos y de nada sirve llorar. Y cada que aplauden, sus cuerpos inhertes llenos de sangre, parecen reaccionar. ¿Qué tan aburrida es la morgue para alguien con hiperactividad? ¿Qué injusta es la vida? ¿Cómo pudieron fallar?
Las arqueólogas se equivocaron al ir a las pirámides a profanar. Sabiendo muy bien de la maldición que iban a despertar. Ahora son fieles seguidoras, potenciales esposas, de una momia que el mundo ha venido a reclamar. Y cada noche lo hechizan, lo hunden de arenas movedizas, lo van a engañar. ¿Cuándo inició el matriarcado? ¿Quién es la más bella de nuestras reinas alacrán?