La música de feria y el olor a algodón de azúcar se desvanecieron por completo mientras avanzaba por el pasillo central. La gente se había ido y una neblina azul cubría sus pasos. Frente a ella, bajo una carpa multicolor iluminada por luz negra, apareció una figura humanoide, disfrazada de pesadilla. La realidad era peor que un sueño de Halloween.
Sangre salpicada, coagulándose en su pecho después de haber escurrido desde la sonrisa llena de colmillos y desde las manos, con las que ha sostenido a sus otras presas. Una risa demente invitándola a seguir caminando. Y seguir caminando. Y seguir caminando. Y sacarse una foto junto a él en la Zombie Walk. Solo que ahora, no había un destino en un laberinto de espejos, un carrusel de imágenes deformes que no correspondían con su reflejo.
La sonrisa de Azul; eso era lo último que tenía de humanidad. Después de todo, era el final de su vida. El show no iba a terminar con miedo, desesperación y llanto. Su adiós no sería un grito desgarrado. Iba a morir a manos de un ser maligno en los días de sus festividades favoritas. Habrían valido la pena años de salir a pedir dulce o travesura. Esta era la travesura.