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Saliendo de ver ‘Good Boy’

Como cuando me deprimí saliendo de ver ‘Good Boy’. Porque pensé en los días pasados. Con amigos de otras razas, de la mejor de las alianzas. Lo aterrador de la lealtad cuando ha sido traicionada.

Como cuando me fui de la que era nuestra casa. Porque pensé en los días futuros. Sin pensar en las consecuencias, de la peor de las fallas. Lo aterrador de la traición cuando ha sido consumada.

Como cuando al volver del cine había una competencia de agility transmitiéndose en directo. Porque pensé haber omitido el anuncio pero tuve que presionar el botón de nuevo. Con la horizontalidad de mi cuerpo hundiéndose otra tarde-noche-madrugada-mañana-tarde en el sillón, con la depresión invadiéndome otra vez todo el cadáver funcional. Porque pensé en que es una zona de confort a la que cualquiera de estos días podría haber vuelto. Y sí. Heme aquí. Lo aterrador de estar escribiendo un diario sin contexto, sin ordenar el pensamiento primero, sin significado de esto, de aquello. Sin talento. Sin amor. Sin poder acariciar a mis perros.