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Colisión de estaciones

Siguen muertos. Sigue estando callado aquí afuera. Después del séptimo día de incendios, de entierros y de rezos. Lo que es y no es, este otro mundo, un alter ego angulado reventando como globo entre todos nosotros. Los que somos y los que ya no.

La caja negra reveló una tormenta de nieve, un vínculo entre el blanco y el negro que se rompe. Una colisión de estaciones. Los soñadores murieron aplastados como una hoja seca de otoño. También eran el frío. También eran el viento. Bailaban un ballet oscuro, una danza de fantasmas.

Aquí, en el azul infinito, ecolocalizaron los cuerpos. Eran otros, dobles, paralelos excéntricos contemporáneos del no tiempo. Los ojos de un gato resplandecieron contra el cielo estrellado. Los extraño. Habitan el silencio, en la capa más baja del subsuelo. Cubiertos con el manto. Su interludio es un laberinto de espejos infinitos. Su música es la roca primordial de los nómadas mudos.

Nos llegaron más noticias plásticas de su recolección. Escribieron sobre el prisma, la espiral. Había palabras sin hablar, más allá de lo abstracto. Una puesta de sol. La zona cero.

Y fue otra vez de día.