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Secreto en la montaña samurái

1. El Gran Emperador

A todos los visitantes del museo se les cuenta la misma historia: aquí, a las afueras del templo, se encuentra la tumba del Gran Emperador. Sus guardias reales le eran tan leales que pidieron ser enterrados junto a él para protegerlo en el otro lado; para esto, terminaron con su propia vida en una ceremonia ritual. Y no solo ellos cuidan su eterno descanso, los místicos y sacerdotes colocaron en su tumba una maldición para que todos aquellos que han intentado profanarla, han muerto en extrañas e inquietantes circunstancias.

Esto, por supuesto, es un manera de decir que al buscar tesoros enterrados en la lápida real durante el siglo XIX, encontraron dos cuerpos en el ataúd del emperador. Los esqueletos modificados estaban abrazadas, uno detrás del otro.

Por órdenes del gobierno en turno, todos los miembros de esa expedición arqueológica fueron asesinados y se guardó el secreto en la montaña samurái. Era eso, o reescribir la historia de una nación en extremo patriarcal y reconocer que a su fundador, al Gran Emperador, le gustaba dormir de cucharita con el jefe de la guardia real.

Siendo el emperador la cuchara pequeña.

De pronto, también, cobraron sentido las aficiones artísticas que ocupaban el interior del palacio en la época antigua. Se cuestionó el por qué de las abundantes pinturas y esculturas de cuerpos masculinos desnudos como supuesto símbolo de fortaleza y virilidad. Y fueron reemplazados por criaturas mitológicas mitad dragón, mitad tigre, mitad mentira, mitad temor, mitad intolerancia, mitad machismo… entienden el punto.


2. Madame Hánhú

La infame espiritista y médium Madame Hánhú, logró convencer de alguna manera a la cadena de televisión más vista para tener su propio programa: Conversando con el más allá. El programa era todo un éxito durante la década de 1980 y para el décimo aniversario del show, Madame Hánhú lanzó un reto el gobierno de su nación. Ella decía haber contactado al espíritu del Gran Emperador y conocer un secreto que cambiaría por completo la estructura social que los hombres en el poder tanto glorificaban.

Para Madame Hánhú no era un asunto de ridiculizar al género masculino, ni idolatrar al primer emperador abiertamente homosexual de todo el continente. Una feminista como ella no consideraba una victoria para su causa el hecho de probar, mediante la actividad paranormal y la comunicación con otras dimensiones, que el emperador poseía tal o cual orientación sexual. Buscaba revelar la verdad y que esa transparencia en los acontecimientos históricos tuviera las consecuencias culturales que debiera tener.

El gobierno le prohibió la entrada al palacio y a la zona arqueológica, pero Madame Hánhú anunció que contactaría al emperador desde el estudio de t.v. en un programa ininterrumpido en vivo, con público, haciendo una invitación a expertos para que asistieran, preparados con antelación a probar la veracidad del suceso.

Llegó el día. Madame Hánhú en trance, sentada al centro del estudio, con los ojos en blanco y las mandos extendidas sobre la mesa. El espíritu del Gran Emperador se manifestaba a través de ella, e iba, una a una, respondiendo con exactitud cada pregunta que hacían los historiadores; dando detalles, corrigiéndolos, llenando los vacíos de información que se tenían sobre la época antigua.

Cuando no quedó duda alguna de que se trataba de él, finalmente contó sus experiencias más personales. Habló sobre su falso matrimonio y la relación amorosa que mantuvo por años con el jefe de la guardia real.


3. Teoría de conspiración

Existen, en la actualidad, muchas teorías sobre lo que pasó aquel día, pero estas son las más aceptadas:

I. Madame Hánhú era una charlatana que fue contactada por el propio gobierno para montar ese espectáculo. Los rumores sobre el Gran Emperador comenzaban a salirse de control y la mejor estrategia que encontraron fue tomar la verdad y desacreditarla en medio de un espectáculo de pseudociencia estrafalaria para que la población lo considerara una teoría de conspiración. De este modo, la élite ni siquiera tenía que molestarse en alterar ningún discurso y la conversación sobre igualdad de géneros seguiría dando vueltas sin llegar a nada; ocultando así la verdadera conspiración sobre el manejo de recursos y las riquezas a beneficio de unos cuantos de la que menos se hablaba.

II. Madame Hánhú de verdad entró en comunicación con el espíritu del Gran Emperador en otro plano de existencia y nadie tuvo duda sobre ello. Sin embargo, el machismo, así como otros casos de desigualdad social, está tan arraigado en esta sociedad que fue más fácil adoptar en el día a día el hecho de que existe una vida más allá de la muerte y que se puede contactar con las entidades que ya han trascendido, antes que aceptar la equidad de género o de clases. Las personas están en mayor disposición de aceptar una realidad paranormal que sea presentada ante ellas, que hacer un esfuerzo por construir otra realidad mejor haciendo algún tipo de sacrificio en sus vidas. Pueden existir los fenómenos sobrenaturales que quieran, siempre y cuando obedezcan el mismo sistema de jerarquías y roles de género.

III. La maldición del Gran Emperador es la parte mística que tuvo un verdadero impacto en el mundo real, fue desatada con la primera expedición y consiste en tener una sociedad tal cual como la tenemos, con todos los temas de desigualdad, negación social, la manipulación histórica y el control de las élites siendo el resultado de haber perturbado el descanso del emperador y su pareja.