El carrito de supermercado está hecho mierda bajo la patrulla de tránsito. Pero les juro que yo no lo empujé. Fue la bebé.
Estábamos en la sección de carnisalchichonería; ahí las vi por primera vez: dos niñas pequeñas, una mucho más chica iba adentro del carrito y la mayor la empujaba entre los pasillos. Yo iba en lo mío, con muy poca despensa en el carrito. Fueron esas dos las que me desafiaron con la mirada. No dijeron nada exactamente, pero era obvio que me retaban a unas carreritas desde la panadería hasta la ferretería y las cosas del hogar. Y yo gané. No me importa lo que digan. Me da igual si la pequeña no sabe hablar todavía. Yo gané.
–¿Cómo llegó su carrito hasta la avenida? –preguntó un policía.
Volvimos a encontrarnos en las cajas. Cruzamos miradas otra vez. Tampoco hablaron, pero se notaba que buscaban la revancha. Corrimos por el estacionamiento, empujamos los carritos y aprovechamos la pendiente para ir más rápido con los pies sobre el tubo de metal. Entonces la bebé, que ni está tan bebé porque ya camina, saltó de su carrito hacia mis brazos para hacerme perder.
–Eso no fue lo que declararon las niñas. Ellas dicen que usted es su papá y que le aventó el carro al oficial de tránsito porque no les cedió el paso.
–¿Y el oficial de tránsito que dijo?
–Que dos niños en un cochecito de juguete lo retaron a unas carreritas y el más pequeño brincó hacia su patrulla para hacerlo perder.