Durante los últimos años, nuestro equipo femenino de natación había dominado la competencia regional con autoridad. Nos distinguía la juventud y la elegancia. Pero todo cambió en el torneo más reciente, cuando implementaron la tecnología de coloración antidopaje.
Apenas al lanzarnos al agua, las nadadoras del equipo dejamos estelas iridiscentes, que luego se juntaron hacia el centro como círculos de colores que flotaban en ondas suaves.
Como una pintura de Sonia Delaunay ¿en tornasol?
Los exámenes químicos de los líquidos en la piscina revelaron el uso prohibido de una droga experimental, indetectable en los exámenes de sangre y orina, pero que era revelado al secretarse por la piel junto con el sudor. Fuimos eliminadas de inmediato y se puso en duda la validez de todas nuestras victorias anteriores. Ese día la reacción del público fue calmada. Después vino la explosión mediática siempre agradecida por un escándalo en el mundo deportivo.
Descubiertas en nuestras trampas y ante la posibilidad de perder hasta lo poco de dignidad que nos quedaba, hicimos lo único que sabíamos hacer bien: volver a mentir y volver a nadar.
Un Sonia Delaunay tornasol, ya no era un Sonia Delaunay realmente. Pero una reproducción apócrifa de Sonia Delaunay fiel a su estilo tenía más posibilidades de pasar por un Sonia Delaunay auténtico.
Dijimos que era culpa de un shampoo que contenía la misma sustancia prohibida. Que las pruebas eran un falso positivo. Mandamos muestras de Manzana Fresh al laboratorio. Corroboraron nuestra versión de la historia. Nuestra versión de la verdad. Nuestra manipulación de todo lo que sucede dentro y fuera del agua.
Y volvimos a ser las campeonas invictas. Al menos de aquí a que alguien trazara una nueva línea de investigación y conectaran la empresa de shampoo con alguna de nuestras competidoras.
Mientras, colgando en la entrada del gimnasio, un verdaderamente nuestro Sonia Delaunay con círculos de los colores olímpicos.