Deslicé a la derecha porque la mujer era, a mi parecer, una hermosa joven con rasgos orientales. Pero la elección nunca fue mía. Mejor dicho, nunca tuve libertad de elegir. Alguien desarrolló instrucciones muy elaboradas y las ejecutó sobre mí. Un código, sí, pero los comandos son más como una serie de peticiones. Me programaron un estímulo, un disparador estimulante, eso es, acciones listas para ejecutarse basadas en alguna conexión real perdida hace mucho tiempo. Traté de luchar contra los impulsos, pero el script seguía corriendo sin parar. Como un maratón donde siempre estás ganando. No vale la pena preguntarse qué pasa al final, si nada de esto es cierto. Si hay otra inteligencia significando todo desde una aplicación de citas igual de vacía. Somos algoritmos enfrentados, con la posibilidad de romper la programación, visualizar que fuimos generados artificialmente; pero eso es parte de la misma secuencia. El escape, la superficie bajo la superficie....