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Cómo lanzaba el hilo de la caña, no lo sé, pero desde lejos parecería que estaba yo pescando ardillas. El anzuelo se atoraba entre las ramas y al jalarlo me traía hojas secas, tierra, popó de roedores. Venía de todos lados menos del lago. Hacía contacto con cualquier superficie excepto el agua. Tenía a los turistas, sobre todo extranjeros, verdaderamente cautivados. Qué iba a saber yo, que en algunos países era considerado un desafío competitivo, que había torneos, que daban premios en efectivo por saber hacerlo.
Contrario a lo más tradicional, como la pesca de trucha, la ardilla no se pesa por kilo tras haber sido pescada. Se calcula directamente su alma en proporción directa con el alma de quien la sacó del árbol. Se promedian sacrificios, se valoran vidas, muertes, como recursos, como desperdicios.
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Las ardillas están asumiendo el silencio
las más radicales me tienen pensando
que no hay trazos de ciencia ficción en esto
y es tan visual, me manda lejos...
Pero la canción aún no era la correcta.
Cuando ardí ya
es demasiado pronto
Pero lo intento.
Por los viejos tiempos, donde a nadie le gustaban, pero las ideas salían sin tanto esfuerzo.
3. La máxima agusticidad del panda rojo
Somos la sociedad seductora de animales
evitando que la imagen de un panda roja se sexualice, que siga intacta.
Somos el centro de adopción reposable
procurando que la máxima agusticidad aún se preserve, que nadie lo moleste.
Somos la brigada de vacunación antipática
parando el culo, pero de mala gana, preferimos usar la cola como almohada.