
Esta no es solo una cabina de karaoke, era un espacio de suplantación narrativa. Cuando el cantante toma control sobre una voz ajena, habita un guion que alguien más escribió en forma de versos líricos para canciones de k-pop. Pero la pantalla se descompuso y ahora un técnico en reparación de televisiones viene a arreglar las realidades múltiples. La voz original, la invasión escrita, la sustitución del habla a través de un cliente a medio embriagar. Este karaoke, además, posee la capacidad de predecir el futuro, porque toda canción ya ha sido escrita con anterioridad. El resultado, sin embargo, puede variar según el personaje que acude y visita la habitación infinita. Ajusta la emoción, dependiendo las posibles combinaciones de estados de ánimo, personalidades, procesos psicológicos. Pero esta falla, en medio de una presentación que estaba siendo transmitida en video, ha generado un contenedor de otros universos. Alguien más ha comenzado a suplantarlo y repetirlo. Como un meme, un video viral. Así había sido preconcebido por la máquina que ve en el tiempo. El técnico arregla la imagen, la celebración continúa. En una escena musical recursiva.