
Debido a la pésima inteligencia financiera de mi hermana mayor, estábamos todos los primos en graves problemas económicos y desesperados por pagar sus deudas lo antes posible. Por eso respondimos a un anuncio clasificado en el periódico que decía: Cacería de primos, seguido de una dirección, un horario y la promesa de un pago por cada miembro de la familia que se presentara. En consenso llegamos a la conclusión que podía ser un evento o concurso para la televisión y todos estábamos dispuestos a participar si era el caso.
Llegamos puntuales, excepto mi hermana. Buenos días, tenemos una cita. Somos la familia de las 07:30 a.m.
La recepcionista consultó su agenda. Se disculpó. Decía que era incapaz de asignarnos una desgracia familiar para esta semana, nada de accidentes de tránsito contemplativos, para pasar horas mirando el espectáculo, pero que si realmente nos interesaba el dinero, nos ofrecía un lugar en la cacería de primos, con posibilidad de filmación para un documental, lo que brindaba regalías extra. Mi hermana llegó justo en ese momento y volvió a presentarnos, pero esta vez con el correcto uso del guion largo.
— Buenos días, por supuesto que aceptamos.
Firmó los papeles antes de que alguien pudiera mencionar el tema de la democratización de la puntualidad o la tiranía en la toma de decisiones. Sin embargo, obtuvimos una pequeña venganza silenciosa cuando vimos que la recepcionista nos registraba y le hacía firmar como la familia de las 09:45 a.m. El tiempo es dinero, sonrió. Pero no. El tiempo es tiempo. Lo que nosotros necesitábamos era dinero.
¿Literalmente cazando primos? Sí. Pero eso no era del todo exacto.
Durante una semana el equipo de grabación nos seguiría a todos en la familia documentando nuestras actividades, mientras nosotros realizábamos una Cacería de primos. Retomando la democracia, acordamos enfocar los esfuerzos para dar un buen espectáculo los días 2, 3, 5 y 7 de la semana. Los días que eran números primos. Esto lo entendíamos perfectamente, pero luego vino el asunto de los números que son primos entre sí. Los primos genealógicos tuvimos que poner mucha atención.
Mi hermana habló, con guion largo:
— Vamos a mirar los números no por lo que son, sino por cómo se llevan con sus primos. Para que dos números sean primos entre sí, o coprimos, su único divisor común debe ser el 1. Comparados entre ustedes primos, cada uno va a representar un número. Entonces, el primo 1 es primo entre sí con todos los demás números. 1 y el 2, 1 y 6, 1 y 7 son coprimos. Ahora bien, primos, cualquier par de números consecutivos son primos entre sí. 1 y 2, 2 y 3, 3 y 4, 4 y 5, 5 y 6, 6 y 7, son coprimos. Por lo tanto ocurre un buen momento para la cacería de primos justo a la medianoche entre cada día.
¿Quiénes serán los enemigos? Los que NO son primos entre sí.*
* Esto descalificaba inmediatamente a la pobre prima adoptada, pero nos daba un buen momento de drama para el documental.
Los enemigos son 2 y 4, 2 y 6, 3 y 6, 4 y 6. Los equipos, por compatibilidad, o primos relativos serían 1 con todos, 2 con 1, 3, 5, 7 solo impares, 3 con 1, 2, 4, 5, 7, luego 4 con 1, 3, 5, 7 solo impares, 5 con todos, 6 con 1, 5, 7 o sea el 1 y los primos mayores que él, 7 con todos.
Para alguien con pésima administración financiera, eso era bastante trabajo de aritmética en tan poco tiempo.
Así comenzaba nuestra semana como familia de reality show, o documental de matemáticas, lo que fuera que las horas de grabación le dieran a la producción. Así nos intentábamos desahogar de tantos préstamos y deudas. Así daba inicio la Cacería de primos.
Y así descubría el camarógrafo a mi hermana haciendo otra compra innecesaria por internet, en pleno amanecer del Lunes.