
Niña imaginando que camina sobre el techo, desde su perspectiva un nuevo suelo, con cuidado de no pisar los focos de las lámparas, explorando la sala-comedor a la inversa. ¿Y cómo afecta la gravedad a los objetos con esta disposición? Todo está congelado en sentido contrario, pero no se cae, permanece estático. Las plantas enredaderas se despliegan sin mover ninguna de sus hojas. ¿Y cómo va a poder seguir tomando su refresco si el vaso se ha quedado allá en lo alto. Además de saltar, de ir trepando por los muebles hacia el sofá, se tiene que parar de manos para lograr que la bebida pase a través del orificio, círculos de plástico burbujeantes. Y por un momento ella está en la posición original, con la gravedad imaginaria invertida.
Y vuelve a pisar el techo. Porque el azúcar hace efecto. Es momento de comprobar qué pasaría si en esta nueva correspondencia de las leyes de la física, niña abriendo las ventanas del balcón. ¿Me voy a caer hacia mi abajo, hacia el cielo?
El cuerpo como origen del universo. Su cuerpo y la posición que guarda en relación al resto. La imaginación no es caos, es la que ordena. Su imaginación y lo que decida el flujo de sus pensamientos. Que ahora van en espiral, en un sentido inverso, reflejadas en su verticalidad, porque en vez de sorber está soplando las burbujas hacia afuera del vaso.
Delicioso y frío, detonante metafísico. Ahora no es que toda la sala-comedor de su pequeño departamento haya quedado salpicada por sus travesuras, esparció sus capacidades para desafiar el reto ontológico que ella misma se había impuesto. ¿Qué tan fuertes son tus ideas de hoy?
Si el cielo fuera el suelo, todo lo demás quedaría muy lejos. No podría volver. Tendría que hacer llover.
Niña pisando nubes hasta que empiecen a caer los truenos. Para bajar, trepando de gota en gota, sujetándolas muy rápido. Niña soplando el mar. Esto que ven aquí, es el Océano Burbujas de refresco. Esto que ven aquí es una niña capaz de todo con vencer al aburrimiento.
Un sorbito.
Niña tomando su refresco, recostada boca arriba en el balcón, con medio cuerpo colgando hacia afuera de la ventana, la cabeza a punto de tocar las estrellas en el cielo y un popote de espirales que traen la bebida girando mientras sostiene su vasito con los pies. Está bebiendo oscuridad del universo. Vacío del espacio-tiempo.
Está en silencio. Antes de que se den cuenta. Un sorbito. Shhh. Estoy limpiando las manchas del suelo.