
Desempleado y con el intercambio navideño familiar pisándome los talones, decidí emprender un pequeño negocio hipnotizando atletas de muy bajo rendimiento.
Temprano por la mañana, en las áreas verdes cercanas al canal, cuando la gente salía a hacer ejercicio, practicar yoga o baile aeróbico en cualquier modalidad, ahí estaba yo esperando a la gente que no se tomaba en serio sus rutinas.
Mi plan de tres pasos les ofrecería una oportunidad para cambiar sus malos hábitos de manera efectiva, inmediata y permanente*.
*Siempre y cuando estuviera activo su plan de suscripción.
Un tutorial educativo de arte óptico me dio la idea y me ayudó a crear la herramienta que necesitaba: un viejo CD, una canica pegada al centro y una espiral de colores contrastantes impresa en papel couché.
Decidí que el discurso sería improvisado.
Mi primera clienta fue la mujer del zumba. La tenía bien identificada, no había día que no se pusiera a fumar terminando la hora de su clase, de la cual, tomaba solo los últimos 25 minutos. Me acerqué a ella amablemente y le comenté acerca de mi plan de suscripción hipnótico para mejorar el desempeño deportivo en atletas de muy bajo rendimiento: Yo haría girar el disco, ella miraría fijamente la espiral, yo diría algunas palabras mágicas* y luego aplaudiría una vez, reprogramando su mente.
*La guía de un profesional de la salud capacitado en hipnoterapia, colocando al paciente en un estado de enfoque profundo basado en la voluntad de ser sugestionable y acceder a su subconsciente.
Ahí mismo, en el canal, ya me había pagado la primera sesión por transferencia bancaria. Estaba lejos de poder comprar el regalo prometido, pero por primera vez en mucho tiempo no me encontraba en números rojos. Sin embargo, necesitaba asegurarme que la mujer del zumba siguiera pagando después. Por eso añadí una cuarta frase a las afirmaciones.
La mujer todavía sostenía el cigarro en su mano, este se consumía acumulando ceniza, apagándose mientras el disco giraba.
Cambio de percepción: Cada vez que pienses en un cigarro, sentirás indiferencia, simplemente no te importa.
Refuerzo de identidad: Eres una persona sana, fuerte y libre de nicotina.
Sustitución de conducta: La única necesidad que sientes es la de proteger tu salud.
Plan de suscripción: Una vez al mes, por tan solo $99.99, me harás otro depósito para seguir en esta sensación de armonía.
Todo iba bien. El segundo cliente era, técnicamente, miembro de un equipo de futbol llanero. No usaba el uniforme oficial, porque no había de su talla. Nunca había metido gol. De hecho, no llevaba minutos jugados en esa temporada. Él iba para convivir. Para la cerveza y los tacos de carnitas post-partido.
Me acerqué. Le comenté. Pagó. Giró. $99.99
Me atreví a ver qué tan cerca estaba del juguete que mi sobrino consentido había pedido en esta ocasión. Era yo Arnold Alois Schwarzenegger. Era ese mi Turbo-Man. Necesitaba otro cliente para lograr mi objetivo y que el envío llegara en tiempo y forma.
3. El maratón anual de la Alcaldía. Estas muchachitas siempre venían nada más para tomarse la foto y subirla a sus redes sociales. Las hacían arder. Las haría correr. Sería mi primera vez hipnotizando gemelas atletas de muy bajo rendimiento.
2x1 $99.99 Hice la compra mediante una aplicación. Escribí en el grupo de WhatsApp de la familia: ya sé lo que quiero pedir. Los comentarios no se hicieron esperar. Emotiza insana. Stickers. GIFs.
Y luego vino la revelación.
Mi hermano reaccionó con el emoji de espiral. Mi hermana puso: funcionó.
Había sido hipnotizado para levantarme temprano y ponerme a trabajar.
¿Pero qué hacía yo antes de esto? Recuerdo haber pasado noches-madrugadas-mañanas viendo a otros hipnotistas en TikTok. ¿O eso nunca pasó?
Decidido, me amodorré todo lo que pude en cuanto regresé a mi casa. Troté lo más rápido que pude. Si es que a eso le puede considerar un trote. Lo más atleta de muy bajo rendimiento que pude. Me vine y me limpié con una playera que usé la semana pasada. Me puse encima la pijama. Cerré la cortina, la ventana. Iba a deshipnotizarme. Volvería a ser el huevón de mierda que tanto amaba. Le iba a quedar mal al niño, de nuevo. Y qué. Y qué. Y qué.
Giro gratis. Miraba fijamente mientras me decía:
Cambio de percepción: Cada vez que pienses en hacer algo productivo, sentirás indiferencia, simplemente nada importa.
Refuerzo de identidad: Eres un huevón y libre de responsabilidades.
Sustitución de conducta: La única necesidad que sientes es la de proteger tu hueva.
En Navidad me regalaron el suéter de Turbo-Man que pedí mientras estaba hipnotizado.
Nadie entendió la referencia.
Abrieron mis regalos, las piezas de arte cinético que preparé para ellos. Los discos comenzaron a girar. Nos autohipnotizábamos. Nos reprogramábamos los unos a los otros. Ahora era un negocio familiar próspero, como el año nuevo. Y una Feliz Navidad.