Tomó un taxi hasta el sitio que indicaba la nota escrita en un papel arrugado. Descubrió que la dirección que le habían dado por teléfono no pertenecía a un hotel, sino a un edificio de oficinas en renta. El edificio tenía cuatro pisos -para él, su menos favorito de los números del 1 al 10- y, aunque poseía cierto encanto por su vacío, estaba en suspensión de actividades y nadie atendió el timbre de la puerta. Entendió que ese papel arrugado tendría muchos más años de haber sido escrito de lo que él creía. Por lo menos una década -el 10 era su 5° número favorito del 1 al 10-.
Caminó pocos minutos -quizá 2, su 7° número favorito- sobre la banqueta, mientras decidía dónde pasaría las siguientes tres noches -3, 3°- continuando con su ruta de turismo nostálgico imposible, recorriendo los lugares que un antiguo diario describía.
Una venta de garaje lo había puesto en su destino. En esas anotaciones existían recuentos de visitas a sitios que se volvieron significativos para la persona que narraba esas bitácoras desde un tiempo remoto, no por su relevancia arquitectónica sino por lo significativo de sus coordenadas geográficas. Se encontraba siguiendo las altitudes y latitudes preferidas de otra persona, que no se molestaba en mencionar nada sobre el país ni la región, la cultura o sus experiencias de vida. Lo más importante eran las coordenadas geográficas expresadas en números. Él podía entonces expresar y viajar hacia esos puntos de localización como números del 1 al 10, pero no necesariamente en ese orden. Añadiría sus propias anotaciones al cuaderno del viajero. Para alguien más. Para la posteridad. Así había llegado hasta uno de los siguientes puntos en el mapa:
35°41'22" N, 139°41'30" E. 43°40'13" N, 79°23'12" O. 30°02'40" N, 31°14'09" E. 64°08'51" N, 21°56'06" O. 17°32'23" S, 149°34'08" O.
En algún tipo de orden:
5, 8, 3, 7, 10, 1, 2, 9, 6, 4.
El jet lag le estaba haciendo pasar un mal rato. Un viaje de 8 horas (8,2°) que lo tenía con dolor de cabeza desde hace cinco grados (5,1°), cincuenta y siente minutos (7, 4°) un segundo (1,6°). Aunque contar, medir, vivir, viajar y hacer anotaciones cada segundo era algo complicado.
9,8°
6,9°
Reikiavik y cualquier paisaje en Islandia, parecían valer la pena del gasto de cifras.