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Mostrando entradas de julio, 2025

Un bosque

Desde que me perdí en el bosque, el lugar no ha sido el mismo. Antes había un árbol especial, ahí colgaba un cuerpo ahorcado, adornando el paisaje de coníferas y hojas anchas. Pero alguien desató el cadáver, se lo llevaron lejos, tan lejos. Cerca, tan cerca. Estaba por aquí, pero ya no me encuentro. El bosque se ha vuelto raro. Incompleto en sus oscuros misterios. Invadido en su privacidad siniestra. Violentado en su derecho al suicidio anónimo y solitario. Al cuerpo que ya no era cuerpo, le pusieron nombre de nuevo. Una brigada voluntaria de recuperación de cadáveres. Ellos me perdieron. Me llevaron a un camino de regreso, menos útil, menos bello, para mis propósitos de olvido y silencio. Romantizo el suicidio, romantizan el entierro. El bosque es neutro. Hermoso, vivo, muerto. Por eso me quería quedar colgando, no por otra cosa, no sé quién le vea lo feo. Quienes me hayan encontrado muerto, me perdieron. Ahora no soy, no estoy, pero no-soy cenizas en u...

Yakisoba

Intro. Música de tensión y gráficos dramáticos con el número 24 de un reloj digital. La voz en off comienza diciendo: bienvenidos a ‘Mientras usted duerme’, el noticiero que informa lo que el subconsciente prefiere reservar. Esta noche: Un meteoro cayó sobre un edificio de departamentos, una niña lleva llorando varios días sin parar y tendremos en exclusiva una entrevista con Yakisoba. El presentador de noticias aparece sentado en su escritorio, con un plato de fideos instantáneos servido frente a él, prueba un poco, saborea. Su tono de voz cambia, al de un anuncio exagerado y alegre, mientras el fondo cambia a una serie de líneas rectas coloridas que emanan desde un centro circular: Yakisoba eres moderna, eres la solución. Bloque 1. El texto en pantalla indica: Meteoro impacta departamentos de lujo. Las imágenes presentan escombros de una obra en construcción. Un resplandor verde neón se filtra entre las piedras. La voz en off de una reportera continúa ...

Estrategias

Invisible, tu recuerdo es corredor ansioso, principiante. Salgo al parque lleno de ansiedad. Camino, paseo, corro. Platico conmigo y me siento ignorado. Veo a los perros, me pierdo entre la gente. Lo que sea que haga, no estoy siendo. Ahora me voy a fotocopiar, sin poder ya reconocer mi propio rostro. Anotaré una combinación de ceros aleatoria y colocaré los anuncios en el parque: ¿ha visto por aquí a un hombre que está empezando a extrañarse? Estas son algunas de las mejores estrategias para desaparecer, gradual o súbitamente. Invisible, de todo lo que te llevaste, cuando me alejé, yo soy la caja de tenis Panam que se perdió en la mudanza. Ahora paso todo el día en casa. Me guardo entre las caras del cubo de cartón. Lo cierro casi hermético, con cinta canela. Mi recuerdo quedó tirado en un charco del parque. Es colchón de vagabundo. O algo de fierro viejo que vendan.

Pastilla

Mírala en su laberinto. Está buscando una salida. Una mujer dentro del caos de un incendio en el festival de música. A su alrededor, la multitud celebra en máscaras de humo, estimulan sus cuerpos de óxidos metálicos, sudando en todas direcciones. Ella avanza como si el fuego no pudiera tocarla. Se desdobla. Quizá ella es parte del incendio. Es fuego escapando de su propia combustión. Continúa el t rance. Ella fuego, ella danza. Ella entre más de dos estados físicos de la materia. Ella pastilla, ella acaricia a la distancia. La música la guía mediante patrones en repetición. El ritmo electrónico de verano. Cada latido va creando el mapa secreto de su hu i da. Ella, b ailarina. Sus pies descalzos pisan las brasas, y en cada giro se pregunta. Quiere saber qu é habrá tras el ritual. Si seguirá aquí cuando eso suceda. Si la gente todavía será gente. Si el tiempo todavía será tiempo. Mírala s er laberinto.

Sunanda Boon-Nam

Por casualidad, si es que tal cosa existe, escuché que la familia Boon-Nam estaba teniendo el peor día de sus vidas: viajaban desde Tailandia y el vuelo se retrasó varias veces, los cambiaron de avión y las maletas se perdieron en alguna de las escalas; ahora estaban esperando de nuevo en un aeropuerto y para colmo, les pidieron compartir sala de espera conmigo. No tenían idea que iba a sustraer de sus bolsillos algunas de las pertenencias que todavía llevaban. Entonces vi una foto en la cartera de papá Boon-Nam. Una mujer, una hija suya que aún no ingresaba a la sala... Si creían que su vida no podía empeorar, ahora yo también quería formar parte de esa desgracia familiar, cuando me casara con Sunanda Boon-Nam. La traducción en tiempo real de Google siguió ayudándome para acercarme al padre de la familia. Se notaba en sus gestos que ya habían pasado las emociones de enojo y agresividad más intensas, para instalarse en una frustración contenida, casi a p...

La Venus del Space Junk

Aquella es la constelación de la Venus del Space Junk. Representa a una mujer desnuda rodeada por basura espacial. Chatarra de satélites y transbordadores que forman un capullo de margarita. Los pétalos de la flor no se han abierto todavía. Los desechos revelarán algo en esa mitología, además de la belleza de contaminar el espacio exterior. Algún secreto femenino oculto entre las crisis de colisión y la expansión inevitable del impacto ambiental por acción humana. No, aquella no es la constelación. Aquella es basura espacial rodeando Venus, pero no es ninguna representación. Y ahí ya no hay más belleza que podamos imaginar. Solo deshechos. La idealización vencida. La resistencia del astrónomo. Secaron el jardín observatorio, para nunca volverse a enamorar.

El último telemarketer

A mediados del fin del mundo, el último telemarketer me llamó, obviamente, por teléfono. Quedaba tan poca población que realmente no representaba una gran coincidencia. No me sentía ni afortunado, ni desgraciado al haber sido elegido. Así que tomé la llamada por simple curiosidad. El motivo era tratar de hacerme una venta. Eso creo. Había interferencia y la voz del ejecutivo telefónico se quebraba. Primero pensé, muy romántico, en un fantasma que continuaba haciendo una tarea vacía, en la estática como vestigio de una sociedad tecnológica en decadencia. Pero había más color y muchas texturas. Era más bien como si alguien llorara frente a un televisor encendido en las caricaturas de la mañana. La llamada tenía destellos pop. Y el operador cantaba una fabulosa promoción. Tuve que colgar, pidiéndole que me volviera a marcar más tarde. Me ofrecía mudarme al corazón de la ciudad. Sin embargo, mi sueldo, como el de todos los demás, no alcanzaba ni para la rent...

Volver al azul

Quiero volver al azul más profundo de este sistema. Uno que me recuerda porque me uní a la tripulación, a pesar de haber quedado a la deriva en el pasado. Uno que es azul metáfora, sin ser metáfora de nada. Este océano alienígena se comunica, pero su naturaleza es abstracta. No emite información, transmite sensaciones. Para entender su mensaje, decodificamos símbolos. Se trata de una inteligencia que, en lugar de hablar, evoca. Quiero volver al azul más profundo de un solo continente y de este único mar gigante que lo rodea. Ahí, donde ni siquiera la luz sobrevive. La oscuridad controla. El agua no fluye, solamente espera. Y poco a poco me han atraído sus fuerzas fundamentales. Quiero regresar. Ser sumergido en sus corrientes, aunque no lo entienda. Porque no quiere ser comprendido. Quiere ser sentido. Este océano interestelar es un poeta. Quiero volver al azul más profundo de esta expedición literaria. Hundido en sensaciones al contacto con el agua, com...

Morder

Mordí una melodía sencilla. La infecté. Y esta a su vez contagió a otras frecuencias. Silencio, que quiero hace mucho ruido. Ahora comienza la meditación creativa. En busca de un reequilibrio estético. Mi epidemia ocurre en un museo. Pero no logro resolverlo. Si el arte es la imagen de un destino, qué proceso indicará el camino de muerte y resurrección. Restaurando a partir de una idea sencilla. Redundando a través de cada viaje a otra dimensión y a otra vida. Buscando qué pieza le falta al rompecabezas de qué personalidad. Los cuerpos desmembrados, las obras igual de fragmentadas. Los zombies están meditando, pero no para calmar sus ansias, ni para disminuir sus instintos de ferocidad. Tampoco pensando en perfeccionarlas, como un estado de absoluta iluminación voraz. No son cuerpos sin almas. No son almas sin cuerpos. Solo son la mutación artística. Y el apocalipsis zombie se propaga, desde el Museo Personal del Arte hasta el Merkabah. Mordí una escultu...

El pinche Sunday

Cinco patitos rondan mi mañana. Uno persigue. Otro hace maniobras de evasión. Uno jala plumas. Quizá en un ejercicio de dominación. Tal vez si fuera como yo, lo haría nada más por chinga-quedito. Cuatro patitos y un pato chinga-quedito rondan la vista desde mi ventana. Uno se mete al agua. Otro se va a la sombra. Uno me imita, me mira, observa el interior de mi alma. Sabe lo que hice el pasado fin de semana. Sabe del lago, de la mujer y la pasión bajo el agua. Conoce la simulación de una salida en pareja, la zona de confort en la que nos hemos instalado, la indecisión, la terapia. Quizá ya conoce demasiado sobre mí. Tres patitos, un pato chinga-quedito y un pato chismoso rondan mi cama. Los cuento. Me duermo. Los sueño. Los nombro de acuerdo al calendario. Los reproduzco en plástico. Los pierdo extintos con el cambio climático. Me encariño con los recuerdos. Del Sábado. Del pinche Sunday que tanto extraño.

Poly

Las pesadillas de tela me envuelven, después de acariciarme suave. Todo el cuerpo. Ya no me pertenece. Ahora es de poliéster. Me sentía seguro, ocultándome bajo las sábanas de todo aquello que es perverso. Pensando que era un sueño. Matrimonial, de composición sintética. De noche. De madrugada de piel desnuda. Pero el juego de 4 piezas: dos sábanas y dos fundas para almohada, ellas resultaron ser el monstruo sobre la cama. Poliéster me asfixia. Ahora Poly me cuida. Soy Luna fría. Cadáver de tela envuelto en pesadillas de carne.