
¿Qué ocurriría si retrocedía un día, una semana, un mes, un año? La tapa de la caja se movía con impaciencia luchando contra la presión que ejercían sus manos, llenas de un sudor denso. Adentro de la caja el tiempo no existía. La abrió poco a poco. Desde el interior, una vibración aumentaba en intensidada medida que la luz del día entraba. Era su exnovia. Miniaturizada. Y no podía escapar realmente, aunque la tapa fuera removida. ¿Qué más quería? Cruzó la calle, desde la banca del parque en la que se encontraba, hacia la van de hielos. Nubes de nieve. Le regaló un cielo distinto al que llevaba en el no-tiempo del encierro. Bajo el suelo de una celda de cartón. Que seguía oliendo a los tenis que ella misma le había regalado. En su cumpleaños número... ¿Qué ocurriría si retrocedía un día, una semana, un mes, un año? De todos modos el tiempo ya no existía y nunca podría escapar. Nunca podría. Nunca se podría. Se pudría. ¿El tiempo se pudría?