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Dextroanfetamina

Incomunicada en el bullicio de la medianoche, no sentía sus extremidades a causa de la droga. Sus ojos se alejaban, a la deriva. Necesidades crudas. Necesidades caníbales que un maniático de la limpieza como él no podía permitirse.

Recordó a la mantis vibrando en una taza de plástico llena con dextroanfetamina. Su mirada anónima recorría los callejones. Sudaban las paredes del metro. Necesidades sucias. Necesidades mecánicas que solamente una estación abandonada podía brindarle.

De ruido y de mugre. De jeringa y sangre.

Cuando se mete a bañar, no es su cuerpo el que se moja y el bienestar lo que se percibe en su mente. Al bañarse siente el agua corriendo por su cerebro.

Botones dérmicos punzantes, pánicos anteriores a la espuma sacudiendo cada rincón de la noche.

-Linda dijo que ibas a matarme.

Encontró sus ojos delineados por uñas que parecían artificiales. Era polvo radioactivo. Eran sueños de un periodo depresivo.