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ascensor desciende, descensor asciende

El ascensor sube mientras alguien recuerda una receta antigua escrita en un cuaderno azul. La radio anuncia tormenta solar y ese locutor confunde los nombres de los planetas. Afuera llueve como si nuestra ciudad estuviera ensayando otra versión de sí misma, más lenta y líquida. Siguiente pregunta: describe cómo huele el metal, respuesta: metálico. Justifique su respuesta anterior: caliente de órbita baja, a jueves con notas de una discusión matrimonial que se pierde entre el sonido de una licuadora, no activada, sino cuando la están lavando, muy similar a la sensación de encontrar en un bolsillo boletos del cine sin fecha, sin asiento ni sala, sin el nombre de la película, pero boletos de cine a fin de cuentas. Los suelos artificiales han comenzando a enfriarse y las ballenas cruzan la calle ignorando a los motociclistas con sus ventas improvisadas, la fabulosa aplicación financiera desde las promesas rotas que resultaron en el aumento de la gasolina y el pan dulce recién horneado, salido de una impresora 4D industrial, que efectivamente, tiene la capacidad de imprimir el tiempo, fotocopiarlo. Ha producido con ello manifiestos artísticos de otra especie, ya no describe metáforas absurdas, ni utiliza técnicas traducidas incorrectamente de la vanguardia a la inteligencia artificial. Accidentalmente acabé siendo un turista, en aquella ocasión terminé escuchando cajas recicladas que fueron amigas por correo durante su tiempo en la correccional. ¿Y por qué las estadísticas ambulantes, cuando piensan en estrellas, envejecen con más elegancia que el helado subterráneo sin pase para la biblioteca? Hay rumores sobre conversaciones ajenas que hablan de rumores sobre conversaciones ajenas. Afirmo haber reparado los patines de esa bicicleta para esquiar en la arena, en el horario a contraturno de los cables cortados en el instante último, posterior a la basura tecleando 'hola' en varios idiomas. Muy cerca de ahí habita la anciana contradictoria, dentro de veinte años sus predicciones fallidas van a transportar por aire a un grupo de estudiantes y entonces la ópera urbana experimental verá el amanecer desde, oh sorpresa, una cafetería. Si dos desconocidos discuten sobre el arte entonces el narrador debe ser invisible, de noche y con texturas que por recomendación frenen bien. El departamento de enfrente es el coherente, aquí son menos constantes las plantas inclinándose hacia la luz filtrada en las paredes, me bebo el agua, haciendo una avance para la madrugada. Nadie en la cocina parece notar que todas las historias son la misma pero al repetirse van siendo ligeramente distintas. No es la ciudad, es la realidad y el camino hacia la muerte lo que va editándose a sí mismo, cortando y pegando escenas, reorganizando frases, perdiendo puntuación, mezclando voces. Así puede seguir hablando hasta que recuerde dónde empezó la frase. El ascensor asciende, el descensor desciende, mientras alguien escribe una receta insabora en un cuaderno incoloro.