
En la granja-estado. En mi recámara-corral. En mi individualidad de rebaño. Con cientos de miles, de millones de igual de indiferentes. ¿Es esto complejo o complexión? Está lleno de mierda. Desde que el protocolo fue elaborado por las monarcas. En la noche-día. En el cielo que ya no brilla. En la post-humanidad desde los tiempos sin cosecha. Soy el rebaño. Nada es pastor. Pero seguimos obedeciendo a los rituales de distinción clasista. Hibridando hasta la extinción. La realeza siempre se ha considerado superior, ahora no hay razas para comparativa. El programa nos dejó en un matadero cíclico y de ahí nunca saldremos. Algo habrá en ser el supervisor artificial de esos procesos de sangrando y destace. Una raza aparte de las masas pobres oprimidas. De las literalmente masas de carne y huesos, pobres porque ya no sirven ni siquiera nutren, oprimidas al estar siendo molidas. En la granja-estado. Una obsesión con reproducirse entre los miembros de la nobleza plagó la humanidad de trastornos recesivos. Endogámicos. Degenerados fuera de la existencia. En mi recámara deforme. En mi individualidad inútil. En la reserva solo quedamos subnormales, defectuosos, idiotas genes, los mismos que en su momento no querían. La sociedad como una colonia de máquinas supervisoras competentes, procesadores de alimentos como ingenieros sociales. Robots que son mataderos, robots que son zoólogos. Complejo, lleno de protoplasma aniquilado. Aquí ya no estoy, ni estamos. Aquí somos un cripto-vicioso. Una no existencia oscurecida por eufemismos. En la granja-estado.